Las poblaciones indígenas viven principalmente en medios rurales, ha podido mantener su estilo de vida comunitaria y su cultura tradicional como su hábitat, no se ha visto afectado por las grandes perturbaciones derivadas de las rápidas transformaciones, económicas y ecológicas. No obstante, esta situación ha cambiado rápidamente en las ultimas décadas a medida que los gobiernos nacionales, las grandes empresas y las instituciones multilaterales de financiación han ido dirigiendo su atención a las llamadas zonas no desarrolladas con el fin de extraer recursos naturales, establecer plantaciones y plantas industriales, desarrollar actividades turísticas, mejorar puertos, centros de comunicación, o centros urbanos, y construir redes de transportes, presas polivalentes, bases militares, o vertederos de residuos tóxicos. Cuando estas actividades se producen en zonas ocupadas por pueblos indígenas es probable que sus comunidades sufran profundos cambios, sociales, económicos, psicológicos y culturales que a menudo las autoridades competentes son incapaces de comprender y mucho menos de prever. Los proyectos de desarrollo en gran escala afectarán inevitablemente a las condiciones de vida de los pueblos indígenas. A veces las consecuencias serán beneficiosas, muy a menudo devastadoras pero nunca desdeñables. Tradicionalmente, pocos gobiernos han tenido en cuenta los derechos e intereses de los pueblos indígenas a la hora de elaborar los grandes proyectos de desarrollo.
Un tema fundamental en la definición de los pueblos indígenas es la relación de éstos con la tierra. Todos los estudios antropológicos, etnográficos, toda la documentación que las propias poblaciones indígenas han presentado en los últimos años, demuestran que la relación entre los pueblos indígenas y la tierra es un vínculo esencial, que da y mantiene la identidad cultural de los pueblos. Hay que entender la tierra no como un simple instrumento de producción agrícola, sino como una parte del espacio geográfico y social, simbólico y religioso, con el cual se vincula la historia y actual dinámica de estos pueblos.
Creo que es hora de comenzar a pensar en serio esta situacion que nos terminara afectando a todos
Cuando pensamos en poder lo identificamos rápidamente con la política o con el dinero, pensamos en poder como una forma de represión donde unos pocos mandan y otros obedecen, donde el miedo y la prohibición están presentes, pero Foucault afirma que el poder no es una institución, ni una estructura, no es cierta potencia de la que algunos están dotados, sino que es el nombre dado a una “situacion estratégica compleja en una sociedad determinada” . Con esto nos invita a hacer una reflexión diferente sobre el poder, una reflexión mas ligada a nuestra situación presente que implique relaciones entre la teoría y la práctica. En otras palabras, Foucault define el poder como relaciones de fuerza que están en todas partes, que atraviesan y construyen al sujeto, por lo que es necesario “desembarazarnos de esta concepción jurídica de poder para analizar su funcionamiento real” .
Se puede decir que el poder existe en la medida en que se traduce en acción, acción que se dirige y determina el obrar de los sujetos mediante discursos de verdad. Entendiéndose, cabe aclarar, por discurso no solo a lo que encubre el deseo sino tambien a aquello que es objeto de deseo, es por lo que se lucha y es el medio por el cual se lucha, este construye la verdad, la produce.
Foucault señala el surgimiento de un biopoder que absorbe al antiguo derecho de vida y muerte que el soberano detentaba y que pretende convertir la vida en objeto administrable por parte del poder. En este contexto las guerras ya no se hacen en nombre del soberano al que hay que defender, se hacen en nombre de la existencia de todos, así, el genocidio o la pena de muerte solo se justifican diciendo que representan un peligro para la población. Se pasa del derecho de hacer morir o dejar vivir (se ejerce el poder sobre la vida en virtud del poder del soberano de matar) a un derecho de hacer vivir o dejar morir (cuya función ya no es matar sino invadir la vida).
En esta nueva forma de poder (que muestra un claro rechazo hacia la muerte) Foucault distingue dos técnicas diferentes de desarrollo:
Anatomopolitica; que esta centrada en el cuerpo como maquina, surge en los siglos XVII y XVIII como una tecnología individualizante de poder basada en escrutar a los individuos, sus comportamientos y sus cuerpos con el fin de anatomizarlos, es decir, de producir cuerpos dóciles y fragmentados basándose en la disciplina como instrumento de control del cuerpo social, penetrando en el hasta llegar a los individuos particulares.
Biopolitica; que se ocupa del cuerpo en tanto especie, surge en la segunda mitad del siglo XVIII centrándose en la vida como una tecnología no disciplinaria que se apropia del hombre viviente, del hombre espíritu, siguiendo unos modelos de masificación, dirigiéndose a la multiplicidad de hombres, a poblaciones humanas en tanto constituye una masa global recubierta por procesos específicos de la vida (nacimiento, muerte enfermedad, etc.).
Creo importante aclarar que estas dos formas de poder no son excluyentes sino que ambas coexisten, y que tanto la Anatomopolitica como la Biopolitica operan como factores de segregación y Jerarquización social, ambas garantizan relaciones de dominación y efectos de hegemonía. De este modo el poder se torna materialista y jurídico ya que ahora ha tomado a su cargo la vida dejando de lado la amenaza de asesinato lo que le da al poder su acceso al cuerpo.
El desarrollo del Biopoder y sus técnicas constituyen una verdadera revolución en la historia de la especie humana ya que la vida esta completamente invadida y gestionada por el poder (además fue fundamental para el desarrollo del capitalismo al crear instrumentos para la inserción controlada de los cuerpos para la inserción controlad de los cuerpos en el aparato de producción). Además de lo biológico se refleja lo político produciendo que la existencia vital del entre de lleno en la modernidad, ya que las personas en función del poder que las rige se juegan la vida politica.
Ahora bien, el punto de articulación entre ambas técnicas radica en el control del sexo como mecanismo de producción disciplinal del cuerpo y las regulaciones de poblaciones. La sexualidad depende, por un lado, de las disciplinas del cuerpo, de un control disciplinario individualizante ejercido en forma de vigilancia permanente, pero, por otro lado, la sexualidad mediante sus efectos de procreación se inscribe y afecta a la población, situándose, así en el entrecruzamiento del cuerpo con la población, entre organismo y fenómeno global.
Esta “ubicación especial” de la sexualidad da lugar a numerosas vigilancias, a controles de todos los instantes, a exámenes médicos y psicológicos, a medidas masivas, a diferentes tipos de estadísticas, a intervenciones que apuntan al cuerpo social entero o a grupos determinados, en definitiva, a todo un micropoder sobre el cuerpo. De hecho es evidente como en los últimos años se ha tomado a la adolescencia como un grupo”predilecto”, como un grupo de riesgo hacia el cual apuntan todas las campañas de índole sexual que van desde las discusiones en los colegios, hasta la distribución de preservativos en los secundarios.
Desde el siglo XIX hasta la actualidad, la sexualidad es perseguida, es acorralada no solo por el psicoanálisis y la medicina (que adquiere importancia en tanto es un “poder-saber” que actúa simultáneamente sobre el cuerpo y sobre la población), sino que tambien se convierte en tema central de operaciones políticas, de intervenciones económicas y de campañas ideológicas y religiosas.
Es decir que, mientras el desconocimiento de sí mismo, de su deseo por parte del sujeto, somos el punto a partir del cual el psicoanálisis va a desarrollar toda su teoría, nosotros podemos advertir en Foucault la existencia de un fenómeno que el autor llama sobresaber, es decir un fenómeno de saber (excesivo y multiplicado, intensivo y extensivo), una superproducción teórica y discursiva de la sexualidad que es, justamente el resultado del desconocimiento que tenemos de esta.
Programas de televisión a cargo de sexólogas, canales como Venus, libros en donde algunas personas cuentan sus experiencias sexuales (como Pasión a los cuarenta ) o donde otras vuelcan el resultado de sus investigaciones (como “El sexo del nuevo siglo” ), constantes debates entre sectores feministas y liberales que defienden el aborto o la diversidad sexual, contra sectores católicos que los rechazan totalmente, todo esto dibuja un escenario en el cual la liberación sexual, la sexualidad son la figura principal.
Es evidente que estamos en una sociedad de la sexualidad, donde esta está omnipresente en los medios de comunicación, la ciencia y el arte, donde los mecanismos del poder se dirigen al cuerpo, a la vida, a lo que la hace proliferar, el poder habla de la sexualidad y a la sexualidad, esta no es marca o símbolo, es objeto y blanco. “El poder la dibuja, la suscita y utiliza como el sentido proliferante que siempre hay que mantener bajo control” .
En este punto alguien podría objetar diciendo que existen numerosas prohibiciones, restricciones y tabúes respecto a la sexualidad manifestadas por sectores conservadores, sin embargo creo que aun cuando se intenta reprimirla,
destinarla a la inexistencia, aun entonces el solo hecho de hablar de ella, de hablar de su prohibición la hace presente. Pensemos, por ejemplo, en quienes se oponen fuertemente a que se dicte educación sexual en los colegios secundarios, no importa que tan validos ni que tan coherentes sean sus argumentos, lo cierto es que no dejan de hablar de aquello que quieren prohibir.
Por otra parte, la idea de que para ser felices es necesario liberar nuestra sexualidad no es mas que una “inversión estratégica de una misma voluntad de verdad” , ya que no dice nada nuevo respecto de esta sino que parte del dispositivo de verdad de la sexualidad que funciona actualmente y nos hace creer que con levantar alguna que otra prohibición basta para sentirnos plenos.
Esto no significa, como muchos han creído, que la liberación y la represión sexual sean equivalentes sino que ambas presentan elementos comunes, parten de un mismo discurso de verdad y son un instrumento de control y poder. Pensemos, por ejemplo en nosotras las mujeres, se nos ha dicho siempre (y desde siempre) que somos el “sexo débil”; lloronas, complicadas, sentimentales...; y nosotras en un intento de liberación decimos: “Si somos el sexo débil, somos lloronas y complicadas, ¿y que?”, aquí aceptamos lo que se dice de nosotras solo que fingimos que no nos interesa. Otro ejemplo es cuando intentamos demostrar que no solo podemos desempeñarnos en las tareas del hogar y conseguimos trabajar como colectiveras, remiseras e incluso hasta como albañiles (trabajos que parecían ser exclusivos del hombre) pero al regresar al hogar seguimos haciendo la tarea domestica (lavar, cocinar, planchar, etc), es evidente que tampoco en este caso hemos logrado divorciarnos de aquello que se dice de nosotras para pensar realmente quienes somos.
Ahora bien, no quisiera culminar mi trabajo sin tratar siquiera brevemente, el papel que desempeña la Iglesia Católica en el discurso de verdad de la sexualidad ya que es un tema que me interesa (que repercute mucho en nuestra sociedad) y que Foucault desarrolla muy bien a lo largo de sus trabajos bajo la denominación de Poder Pastoral. El objetivo de este poder es asegurar la salvación de los individuos en el otro mundo, es procurar su bien, por ello no es un poder triunfante sino que es un poder benefactor, el pastor no solo ordena sino que además debe de estar dispuesto a sacrificarse por la vida de su rebaño, preocupándose no solo por la comunidad sino por cada individuo en particular durante toda su vida. Foucault tambien nos habla de una salvación obligatoria que consiste en la autoridad del pastor para obligar a la gente a hacer lo necesario para salvarse, pero esta salvación obligatoria se consigue solo aceptando la autoridad del pastor, es decir, aceptando que cada unas de nuestras acciones deberá ser conocida por él que puede decir si son buenas o malas, aceptando sus ordenes y reconociendo en ellas la voluntad de Dios.
El Poder Pastoral ha desarrollado una serie de técnicas y de procedimientos que conciernen a la verdad y a la producción de verdad ; el pastor, por un lado, enseña la verdad, es decir, enseña los mandamientos, la moral, la palabra de Dios; y por otro lado, para ejercer su tarea el pastor debe saber todo lo que hacen, piensan y sienten sus corderos ( por ello es necesaria la confesión). Esto ultimo quiere decir, de acuerdo con Foucault, que el pastor dispone de los medios de análisis, de reflexión, de detección de lo que ocurre, pero también el cristiano tiene la obligación de decir a su pastor lo que ocurre en su interior, de esta forma la confesión constituye un lazo permanente entre el pastor y su rebaño.
Suele subrayarse que el cristiano sanciona la sexualidad, autorizando solo algunas formas de ella y castigando todas las demás pero creo que es importante señalar también que en el corazón de la penitencia cristiana existe la confesión y la
declaración de las culpas, el examen de conciencia y mediante esto toda una producción de saber y de discursos sobre el sexo que tienen un claro efecto en la sociedad y en los individuos.
Pienso que la sexualidad en el cristianismo no se concibe como un mal absoluto, ni es totalmente reprimida, pero solo es aceptada dentro del matrimonio y reconociendo como su única función la reproducción, dejando de lado el placer estableciéndose, así, una “moral moderada” que ha hecho funcionar a través de un conocimiento interior (y exterior) del rebaño. La homosexualidad, la promiscuidad sexual son pecados de los cuales el cristiano debe arrepentirse y confesar al pastor si quiere salvarse y acceder a la vida eterna.
Tal vez es por esta visión de la sociedad como un rebaño al que hay que salvar y proteger (tarea que es asumida como el objetivo principal) por la que muchas veces se adopta una actitud un tanto mesiánica que no puede dejar de ver a quien piensa diferente como un pecador, pretendiendo, muchas veces que el Estado dicte y apruebe leyes fundamentadas en principios católicos para una sociedad conformada por individuos de diferentes religiones y credos, esto es lo que sucede actualmente cuando se habla de la posibilidad de legalizar el aborto, esto es lo que sucedió en Mendoza hace unos meses cuando un grupo (a mi parecer fundamentalista) amenazo a los médicos y al hospital donde se iba a practicar un aborto a una chica con discapacidades que fue violada con poner una bomba .
Cuando pensamos en poder lo identificamos rápidamente con la política o con el dinero, pensamos en poder como una forma de represión donde unos pocos mandan y otros obedecen, donde el miedo y la prohibición están presentes, pero Foucault afirma que el poder no es una institución, ni una estructura, no es cierta potencia de la que algunos están dotados, sino que es el nombre dado a una “situacion estratégica compleja en una sociedad determinada” . Con esto nos invita a hacer una reflexión diferente sobre el poder, una reflexión mas ligada a nuestra situación presente que implique relaciones entre la teoría y la práctica. En otras palabras, Foucault define el poder como relaciones de fuerza que están en todas partes, que atraviesan y construyen al sujeto, por lo que es necesario “desembarazarnos de esta concepción jurídica de poder para analizar su funcionamiento real” .
Se puede decir que el poder existe en la medida en que se traduce en acción, acción que se dirige y determina el obrar de los sujetos mediante discursos de verdad. Entendiéndose, cabe aclarar, por discurso no solo a lo que encubre el deseo sino tambien a aquello que es objeto de deseo, es por lo que se lucha y es el medio por el cual se lucha, este construye la verdad, la produce.
Foucault señala el surgimiento de un biopoder que absorbe al antiguo derecho de vida y muerte que el soberano detentaba y que pretende convertir la vida en objeto administrable por parte del poder. En este contexto las guerras ya no se hacen en nombre del soberano al que hay que defender, se hacen en nombre de la existencia de todos, así, el genocidio o la pena de muerte solo se justifican diciendo que representan un peligro para la población. Se pasa del derecho de hacer morir o dejar vivir (se ejerce el poder sobre la vida en virtud del poder del soberano de matar) a un derecho de hacer vivir o dejar morir (cuya función ya no es matar sino invadir la vida).
En esta nueva forma de poder (que muestra un claro rechazo hacia la muerte) Foucault distingue dos técnicas diferentes de desarrollo:
Anatomopolitica; que esta centrada en el cuerpo como maquina, surge en los siglos XVII y XVIII como una tecnología individualizante de poder basada en escrutar a los individuos, sus comportamientos y sus cuerpos con el fin de anatomizarlos, es decir, de producir cuerpos dóciles y fragmentados basándose en la disciplina como instrumento de control del cuerpo social, penetrando en el hasta llegar a los individuos particulares.
Biopolitica; que se ocupa del cuerpo en tanto especie, surge en la segunda mitad del siglo XVIII centrándose en la vida como una tecnología no disciplinaria que se apropia del hombre viviente, del hombre espíritu, siguiendo unos modelos de masificación, dirigiéndose a la multiplicidad de hombres, a poblaciones humanas en tanto constituye una masa global recubierta por procesos específicos de la vida (nacimiento, muerte enfermedad, etc.).
Creo importante aclarar que estas dos formas de poder no son excluyentes sino que ambas coexisten, y que tanto la Anatomopolitica como la Biopolitica operan como factores de segregación y Jerarquización social, ambas garantizan relaciones de dominación y efectos de hegemonía. De este modo el poder se torna materialista y jurídico ya que ahora ha tomado a su cargo la vida dejando de lado la amenaza de asesinato lo que le da al poder su acceso al cuerpo.
El desarrollo del Biopoder y sus técnicas constituyen una verdadera revolución en la historia de la especie humana ya que la vida esta completamente invadida y gestionada por el poder (además fue fundamental para el desarrollo del capitalismo al crear instrumentos para la inserción controlada de los cuerpos para la inserción controlad de los cuerpos en el aparato de producción). Además de lo biológico se refleja lo político produciendo que la existencia vital del entre de lleno en la modernidad, ya que las personas en función del poder que las rige se juegan la vida politica.
Ahora bien, el punto de articulación entre ambas técnicas radica en el control del sexo como mecanismo de producción disciplinal del cuerpo y las regulaciones de poblaciones. La sexualidad depende, por un lado, de las disciplinas del cuerpo, de un control disciplinario individualizante ejercido en forma de vigilancia permanente, pero, por otro lado, la sexualidad mediante sus efectos de procreación se inscribe y afecta a la población, situándose, así en el entrecruzamiento del cuerpo con la población, entre organismo y fenómeno global.
Esta “ubicación especial” de la sexualidad da lugar a numerosas vigilancias, a controles de todos los instantes, a exámenes médicos y psicológicos, a medidas masivas, a diferentes tipos de estadísticas, a intervenciones que apuntan al cuerpo social entero o a grupos determinados, en definitiva, a todo un micropoder sobre el cuerpo. De hecho es evidente como en los últimos años se ha tomado a la adolescencia como un grupo”predilecto”, como un grupo de riesgo hacia el cual apuntan todas las campañas de índole sexual que van desde las discusiones en los colegios, hasta la distribución de preservativos en los secundarios.
Desde el siglo XIX hasta la actualidad, la sexualidad es perseguida, es acorralada no solo por el psicoanálisis y la medicina (que adquiere importancia en tanto es un “poder-saber” que actúa simultáneamente sobre el cuerpo y sobre la población), sino que tambien se convierte en tema central de operaciones políticas, de intervenciones económicas y de campañas ideológicas y religiosas.
Es decir que, mientras el desconocimiento de sí mismo, de su deseo por parte del sujeto, somos el punto a partir del cual el psicoanálisis va a desarrollar toda su teoría, nosotros podemos advertir en Foucault la existencia de un fenómeno que el autor llama sobresaber, es decir un fenómeno de saber (excesivo y multiplicado, intensivo y extensivo), una superproducción teórica y discursiva de la sexualidad que es, justamente el resultado del desconocimiento que tenemos de esta.
Programas de televisión a cargo de sexólogas, canales como Venus, libros en donde algunas personas cuentan sus experiencias sexuales (como Pasión a los cuarenta ) o donde otras vuelcan el resultado de sus investigaciones (como “El sexo del nuevo siglo” ), constantes debates entre sectores feministas y liberales que defienden el aborto o la diversidad sexual, contra sectores católicos que los rechazan totalmente, todo esto dibuja un escenario en el cual la liberación sexual, la sexualidad son la figura principal.
Es evidente que estamos en una sociedad de la sexualidad, donde esta está omnipresente en los medios de comunicación, la ciencia y el arte, donde los mecanismos del poder se dirigen al cuerpo, a la vida, a lo que la hace proliferar, el poder habla de la sexualidad y a la sexualidad, esta no es marca o símbolo, es objeto y blanco. “El poder la dibuja, la suscita y utiliza como el sentido proliferante que siempre hay que mantener bajo control” .
En este punto alguien podría objetar diciendo que existen numerosas prohibiciones, restricciones y tabúes respecto a la sexualidad manifestadas por sectores conservadores, sin embargo creo que aun cuando se intenta reprimirla,
destinarla a la inexistencia, aun entonces el solo hecho de hablar de ella, de hablar de su prohibición la hace presente. Pensemos, por ejemplo, en quienes se oponen fuertemente a que se dicte educación sexual en los colegios secundarios, no importa que tan validos ni que tan coherentes sean sus argumentos, lo cierto es que no dejan de hablar de aquello que quieren prohibir.
Por otra parte, la idea de que para ser felices es necesario liberar nuestra sexualidad no es mas que una “inversión estratégica de una misma voluntad de verdad” , ya que no dice nada nuevo respecto de esta sino que parte del dispositivo de verdad de la sexualidad que funciona actualmente y nos hace creer que con levantar alguna que otra prohibición basta para sentirnos plenos.
Esto no significa, como muchos han creído, que la liberación y la represión sexual sean equivalentes sino que ambas presentan elementos comunes, parten de un mismo discurso de verdad y son un instrumento de control y poder. Pensemos, por ejemplo en nosotras las mujeres, se nos ha dicho siempre (y desde siempre) que somos el “sexo débil”; lloronas, complicadas, sentimentales...; y nosotras en un intento de liberación decimos: “Si somos el sexo débil, somos lloronas y complicadas, ¿y que?”, aquí aceptamos lo que se dice de nosotras solo que fingimos que no nos interesa. Otro ejemplo es cuando intentamos demostrar que no solo podemos desempeñarnos en las tareas del hogar y conseguimos trabajar como colectiveras, remiseras e incluso hasta como albañiles (trabajos que parecían ser exclusivos del hombre) pero al regresar al hogar seguimos haciendo la tarea domestica (lavar, cocinar, planchar, etc), es evidente que tampoco en este caso hemos logrado divorciarnos de aquello que se dice de nosotras para pensar realmente quienes somos.
Ahora bien, no quisiera culminar mi trabajo sin tratar siquiera brevemente, el papel que desempeña la Iglesia Católica en el discurso de verdad de la sexualidad ya que es un tema que me interesa (que repercute mucho en nuestra sociedad) y que Foucault desarrolla muy bien a lo largo de sus trabajos bajo la denominación de Poder Pastoral. El objetivo de este poder es asegurar la salvación de los individuos en el otro mundo, es procurar su bien, por ello no es un poder triunfante sino que es un poder benefactor, el pastor no solo ordena sino que además debe de estar dispuesto a sacrificarse por la vida de su rebaño, preocupándose no solo por la comunidad sino por cada individuo en particular durante toda su vida. Foucault tambien nos habla de una salvación obligatoria que consiste en la autoridad del pastor para obligar a la gente a hacer lo necesario para salvarse, pero esta salvación obligatoria se consigue solo aceptando la autoridad del pastor, es decir, aceptando que cada unas de nuestras acciones deberá ser conocida por él que puede decir si son buenas o malas, aceptando sus ordenes y reconociendo en ellas la voluntad de Dios.
El Poder Pastoral ha desarrollado una serie de técnicas y de procedimientos que conciernen a la verdad y a la producción de verdad ; el pastor, por un lado, enseña la verdad, es decir, enseña los mandamientos, la moral, la palabra de Dios; y por otro lado, para ejercer su tarea el pastor debe saber todo lo que hacen, piensan y sienten sus corderos ( por ello es necesaria la confesión). Esto ultimo quiere decir, de acuerdo con Foucault, que el pastor dispone de los medios de análisis, de reflexión, de detección de lo que ocurre, pero también el cristiano tiene la obligación de decir a su pastor lo que ocurre en su interior, de esta forma la confesión constituye un lazo permanente entre el pastor y su rebaño.
Suele subrayarse que el cristiano sanciona la sexualidad, autorizando solo algunas formas de ella y castigando todas las demás pero creo que es importante señalar también que en el corazón de la penitencia cristiana existe la confesión y la
declaración de las culpas, el examen de conciencia y mediante esto toda una producción de saber y de discursos sobre el sexo que tienen un claro efecto en la sociedad y en los individuos.
Pienso que la sexualidad en el cristianismo no se concibe como un mal absoluto, ni es totalmente reprimida, pero solo es aceptada dentro del matrimonio y reconociendo como su única función la reproducción, dejando de lado el placer estableciéndose, así, una “moral moderada” que ha hecho funcionar a través de un conocimiento interior (y exterior) del rebaño. La homosexualidad, la promiscuidad sexual son pecados de los cuales el cristiano debe arrepentirse y confesar al pastor si quiere salvarse y acceder a la vida eterna.
Tal vez es por esta visión de la sociedad como un rebaño al que hay que salvar y proteger (tarea que es asumida como el objetivo principal) por la que muchas veces se adopta una actitud un tanto mesiánica que no puede dejar de ver a quien piensa diferente como un pecador, pretendiendo, muchas veces que el Estado dicte y apruebe leyes fundamentadas en principios católicos para una sociedad conformada por individuos de diferentes religiones y credos, esto es lo que sucede actualmente cuando se habla de la posibilidad de legalizar el aborto, esto es lo que sucedió en Mendoza hace unos meses cuando un grupo (a mi parecer fundamentalista) amenazo a los médicos y al hospital donde se iba a practicar un aborto a una chica con discapacidades que fue violada con poner una bomba .